Asexualidad, una realidad poco abordada en Salud y Educación Sexual

Por Magdalena Rivera, Directora Escuela Transdisciplinaria de Sexualidad.

En una sociedad en que el discurso imperante plantea que la actividad sexual es sana y necesaria ¿Qué sucede con quienes no desean encuentros eróticos con otras personas? ¿Cómo les afecta el ser diferentes a lo esperado socialmente?

Considerando que el respeto a los Derechos Sexuales implica no solo la libertad de tener encuentros sexuales con quien se desee, mientras se respeten los derechos de los demás,   sino que también la opción de no tenerlos si no se desea, sin ser por ello patologizados ni presionados socialmente, es que nos parece importante visibilizar la realidad de quienes se identifican como Asexuales.

Antes del 2004, la asexualidad era un término que estaba reservado para describir los patrones reproductivos de los organismos unicelulares. La publicación de un gran estudio poblacional en británicos encontró que aproximadamente el 1% reportó una falta de atracción sexual lo que encendió interés en la construcción de la  asexualidad desde  perspectivas teóricas, académicas, clínicas y feministas. (1).

Que no existiera el término antes como una posibilidad de explicar una orientación sexual no implica que no sucediera como una vivencia y experiencia personal, sino que simplemente no se le había dado un nombre.

Al ser una temática nueva es frecuente que quienes se dedican a tanto a la salud como la educación sexual lo desconozcan y por lo tanto no lo incorporen en su trabajo profesional.

Para conocer un poco más en primera persona sobre Asexualidad es que le hicimos algunas preguntas a Tamara, una de las administradoras del grupo Asexuales Chile.


¿Cómo y en qué contextos se da la discriminación a los asexuales? 

“La base de la discriminación hacia las personas en el espectro asexual en todas sus formas es la idea de que todas las personas sienten y deben sentir deseo y atracción sexual, que es lo normal y saludable, y que la ausencia de estos implica necesariamente un trauma o trastorno a tratar. Esta forma de violencia simbólica es llamada a veces “sexualidad obligatoria”, “alosexismo” o “asexualfobia”, y se expresa en todos los ámbitos sociales:

  • Dentro de la familia y entre amigxs, donde la asexualidad es negada y menospreciada como algo absurdo, infantil, egoísta o síntoma de una enfermedad que “hay que hacerse ver”.
  • En relaciones íntimas, donde a lo anterior se le suma la presión por cumplir sexualmente con la pareja porque “es lo que se espera en una relación”.
  • En el ámbito de la salud, cuando profesionales del área afirman esta idea y centran todos sus esfuerzos en buscar una cura, más que en entender cuáles son nuestras necesidades reales.
  • En el ámbito educativo, cuando se obvia esta posibilidad en (lo poco y nada que existe de) educación sexual y donde, por la presión social, muchxs estudiantes deciden fingir sentir atracción y “pasar por normales”.
  • En los medios de comunicación, cuando se invisibiliza esta realidad o se hace una representación de ella basada en prejuicios.
  • En redes sociales, donde muchas personas se escudan en el anonimato o en la masa para burlarse, compartir información falsa o directamente acosar a personas asexuales, a sus parejas o a sus familiares.”(2)

¿Qué le pedirían a un profesional de la salud en su atención para que fuera respetuosa e inclusiva de la asexualidad? 

“Lo primero es que recuerde que nosotrxs tenemos la experticie en nuestras propias experiencias, por lo que debe respetar nuestras identidades y acompañar procesos de cuestionamiento sin imponer su visión de quién es “realmente asexual” y quien no. También que recuerde no imponer la sexualidad como una obligación para tener una vida saludable ni suponga que todas las personas sobre cierta edad han tenido relaciones sexuales (ni que estas han sido coitales, consensuales y heterosexuales). Otra cosa a tener en cuenta es que la asexualidad es poco conocida, así que muchas personas se pueden acercar a su consulta buscando una solución a su “problema” y en estos casos necesita considerar activamente la asexualidad y explorar esa posibilidad con ellxs.

Eso nos trae a los aspectos más prácticos: Debe investigar sobre la asexualidad por su cuenta, ser proactivx, en especial si trabaja en salud sexual o reproductiva. Y no solo debe considerar estudios científicos o recursos dirigidos a profesionales de la salud, sino también sitios web o grupos de apoyo y activismo asexual locales, pues puede que necesite tener esa información a mano en caso de enfrentarse con una persona que está en pleno proceso de cuestionamiento y necesita de esa conexión con otras experiencias como la suya.

Por último, no basta con aprender, también es necesario compartir ese conocimiento con sus colegas y con otros profesionales en su especialidad. Debe asumir la responsabilidad de cuestionar la patologización de la asexualidad, pues esta implica una validación del discurso social por personas en posición de poder y puede tener graves consecuencias físicas y emocionales para quienes se ven afectadxs.”(2)

¿Cómo piensan que tendría que ser la educación sexual para que fuera inclusiva y respetuosa de la asexualidad? 

“Una parte importante es el reconocimiento explícito de la asexualidad en las discusiones sobre orientación sexual, sobre la base que la sexualidad es fluida y existe en un espectro donde todxs experimentamos deseo y atracción por otrxs de forma distinta.

También es necesario explicar que el amor y el sexo pueden ser independientes entre sí y, así como puede haber sexo sin amor, también puede haber amor sin sexo. No se debe asumir que todas las personas presenten sienten o sentirán atracción sexual y que inevitablemente tendrán relaciones sexuales con sus parejas en el futuro, porque así como las personas tienen el derecho a tener sexo cuantas veces quieran, también tienen el derecho a no tenerlo y a que su negativa no tenga plazo límite.

Y eso se vincula a la necesidad de enfatizar la importancia del consentimiento —explícito, libre e informado— dentro de las relaciones íntimas. La creencia de que todas las personas quieren y deben compartir su sexualidad con otrxs lleva a que muchxs asexuales de vean presionadxs a participar en actos íntimos o sexuales que no desean, porque es lo “normal” y esperable.

Por último, una educación sexual que incluya ala asexualidad necesariamente debe incluir también una discusión más amplia sobre la diversidad sexual y de géneros, la sexualidad por placer, la violencia sexual y otros aspectos que muchas veces están ausentes de los currículos escolares o universitarios.”(2)

Les invitamos a leer más sobre  sobre Asexualidad en recursos para profesionales de la salud y sobre todo a no imponer categorías poniendo por delante la experiencia en primera persona de que con quien estemos trabajando ya sean usuarios, pacientes o alumnos más que el intentar encajar a las personas en alguna categoría. El identificarse con una “etiqueta”, ya sea de orientación sexual, identidad de genero u otra es algo que compete solo a la persona sobre sí misma y nuestro rol como profesionales es saber sobre ellas e informar de su existencia, no imponerlas.

Referencias:

1-Brotto, Lori A. et al (2015) The Asexuality: An Extreme Variant of Sexual Desire Disorder?Journal of Sexual Medicine , Volume 12 , Issue 3 , 646 – 660

2- Tamara, Administradora del grupo Asexuales Chile. Pueden encontrarla como Chrysocolla Town, y los grupos de Asexuales en  Tumbrl y Facebook.

Imagen: This image was originally posted to Flickr by Maria Eklind at https://flickr.com/photos/79123642@N04/36401613966. It was reviewed on  by FlickreviewR and was confirmed to be licensed under the terms of the cc-by-sa-2.0.

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